Entre valles oscenses y Pirineos

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Un fin de semana en el Parque Nacional de Ordesa y Monte Perdido, es escaso, muy escaso tiempo para conocerlo pero una escapada ideal para marcharse haciendo planes de volver. Un placer para los sentidos, un paraiso para los apasionados de la montaña, la fotografía, el deporte y la aventura (senderismo, ciclismo, escalada, rappel, barranquismo, esqui). Senderos, cañones, barrancos, rios, cascadas, abundante vegetación, cuidada arquitectura rural y espectaculares vistas a los Pirineos.

Llegar de noche a Broto por esa carretera tan estrecha de 14km y tras más de 400km, cuesta pero merece la pena; muy pequeño pero de una estética muy cuidada y acogedor. La Posada de Broto con su silencio y confortables camas nos permite descansar a pierna suelta a un precio muy asequible. De día es todavía más impresionante, estamos junto al rio Ara, rodeados de bellas montañas y un cartel nos indica que a pocos metros hay una cascada; la planificación se impone a la tentación de acercarse a disfrutarla: mañana habrá tiempo, nuestro amigo Paco Collado, experto montañero y un apasionado de estos lugares nos ha recomendado varias rutas y hay que organizarse, hoy sábado disponemos del día completo.

20160924_114310Elegimos por proximidad el Cañón de Añisclo excavado por el rio Bellós; llegando a Fanlo encontramos el Monte Perdido y sentimos necesidad de parar para observar y fotografiar el amplio y espectacular Valle de Vío que se abre a nuestros pies. Tras dejar el coche en el aparcamiento, un sendero junto al rio, nos conduce por un recorrido circular de 2,5 km, apto para todas las edades, transitando entre abundantes líquenes llegamos las ruinas del Molino de Aso (mejor no pensar en lo que supone comulgar con esas ruedas), numerosas pozas que invitan a bañarse, la Cascada de Aso en la que los más intrepidos pueden rapelar, Ermita de San Urbez excavada en roca y Puente del mismo nombre en el que no deberías olvidar pedir un deseo y mirar abajo.


Volvemos al coche y nos dirigimos en dirección a Escalona y Puyarruego hasta llegar a Labuerda para comer en el Hotel El Turmo. Su iglesia con ese expléndido campanario, los Montes de Escalona en segundo plano y la Peña Montañesa al fondo, permanece todavía en la retina.

img-20161014-wa0037Ainsa nos acoge, recorremos fascinados uno de los pueblos más bellos de España, un casco antiguo cuidado al detalle: arquitectura a base de piedra, madera y pizarra, balcones y ventanas engalanados con abundantes flores, las vistas a Pirinieos no se pueden describir con palabras. Lástima que el caudal de los rios Cinca y Ara estén en mínimos. Cuesta imaginar a los navateros trabajando en ese cauce.

Empieza a atardecer y regresamos a Broto, cansados, pero disfrutando del recorrido y nos queda la guinda del sábado: unas deliciosas pizzas en horno de leña, el fuego y el obrador a la vista de los clientes en la Pizzeria La Tea. No sabría cual recomendar de las tres que probamos. Mejor las tres.

img_20160925_101256La Cascada de Sorrosal (Broto) nos espera la mañana del domingo, fascinados hacemos fotos y mas fotos y observamos, con envidia, un cordon multicolor de escaladores en la via ferrata situada entre ambos saltos de agua.

Aún queda tiempo para otra escapada antes de regresar a casa. Llegamos por una pista de tierra al Refugio de Bujaruelo, aparcamos el coche, mis hijos adolescentes salen disparados al río ¡pretenden recorrerlo de piedra en piedra! fotos y más fotos al agua, al puente románico, a las montañas, a los frutos,…el Valle de Bujaruelo incita a recorrerlo, hay varias rutas entre 1/2h y 6h, sólo hay tiempo para una corta pues hay que regresar por la tarde, comenzamos y nos adentramos en un impresionante bosque de boj, quieren fotografiar cada detalle, no pasamos de la pradera. En el Refugio saboreamos unas ricas migas, acompañadas, en mi caso, de vino Somontano. La carta distingue qué platos del menu contienen gluten, lactosa, frutos secos e incluye pan sin gluten, un ejemplo a seguir.

El fin de semana se acaba y al volante sueño despierta con volver por estos valles cuando esté nevado y los cauces sean caudalosos.

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Fotos: Almudena Baldazo Sanz, Antonio Baldazo Sanz y Laura Sanz Segovia

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Descubriendo Dinamarca

Un Campeonato de Europa de Karate es una oportunidad, tan buena como cualquier otra, para explorar un país.

Si la primera impresión es la que cuenta…¡cuantas bicis! y…¡la mayoría no tienen candado! Detalle importante que dice mucho en favor del civismo de los daneses.

bicis-12143331_10204976439235511_778710586849759378_nLa bici es la protagonista indiscutible del país pero especialmente en la ciudad, diseñada para desplazarse en ella. Su uso es gratuito. La tomas en el punto de origen y la dejas, así de simple. No tendrás problema para encontrar otra. Por supuesto, el carril bici siempre está presente y tampoco hay tantas cuestas como en Madrid.

Es fácil es llegar al hotel; tren directo y frecuente desde el aeropuerto a la Estación Central de Copenhague y desde allí, andando. Son las 11 de la noche, acabo de llegar a una ciudad desconocida, acompañada de dos menores y me siento segura.

En Dinamarca es fácil evitar el coche cuando la infraestructura ferroviaria es tal que te comunica con todo el país, incluso con el país vecino construyendo sobre el mar el puente combinado más grande de Europa, Puente de Öresund. Nada menos que dos líneas de tren y cuatro carriles de autovía.

Copenhague es un ejemplo de ciudad limpia y saludable. De noche pueden contemplarse las estrellas sin salir del centro, en las calles no se ve basura, se sigue apreciando el civismo. 12072751_10204976442435591_5735238369154683896_n.jpg

Para los que no podemos prescindir de un recorrido a pie, cámara en ristre, entre la Rådhuspladsen (Plaza del Ayuntamiento)  y Kongens Nytorv (Nueva Plaza del Rey),  se puede pasear por Strøget, la zona peatonal más grande de Europa: tiendas, cafés, restaurantes y músicos callejeros.

A poca distancia llegaremos a los Jardines de Tivoli, la Estación Central de Copenhague, el Teatro Real de Copenhague, Frederiks Kirke o iglesia de Mármol, Kongens Nytorv (la nueva plaza del Rey), Langelinie y el Palacio de Amalienborg, la residencia real.

Merece la pena, sin duda, un paseo en barco desde el canal del Nyhavn (Puerto Nuevo) hasta la emblemática Sirenita (Den lille havfrue).

El barco parte del paseo marítimo del Nyhavn,  frente a las coloridas fachadas de sus pequeños hoteles de los siglos XVII y comienzos del XVIII, bares, cafeterías y restaurantes. Especial encanto tienen sus barcos históricos de madera que nos trasladan a su pasado vikingo. Un buen lugar también para degustar la gastronomía local; especialmente los pescados a la parrilla, asados, especiados, a la salsa, ahumados, marinados, en salmueras, etc. Sobre todo el arenque, bacalao, salmón, atún y caballa. Sus quesos de alta calidad: Danablu, Esrom, Castello Blue, Danbo, Havarti, Mycella y Requesón ahumado (especialidad de la isla Fyn o Fionia). Para saciar la sed una Carlsberg o una Tuborg, cervezas de origen danés de fama internacional.

A continuación, realiza un bello recorrido por el puerto, sus canales, su historia e interesante arquitectura vinculada a su origen pesquero y comercial. Mención especial merece la impresionante Opera de Copenhague, el moderno teatro diseñado por Henning Larsen sobre las aguas.

12112302_10204976458956004_8630515295554729460_nEn la orilla, una multitud anuncia que nos acercamos a la bella escultura de una sirena de bronce inspirada en el cuento de Andersen, divisando el Mar Báltico, sobre unas rocas en la bahía del puerto. Merece la pena esperar para fotografiarla. Es, sin lugar a dudas, el posado más requerido de Dinamarca.

Como la excusa fue un campeonato de kárate no hubo tiempo para mucho más que dos modestas pero acogedoras localidades: Holstebro (sede del campeonato) y Humlum, donde disfrutamos del acogedor y económico camping Toftum Bjerge Holiday House, junto al mar y con el encanto propio de un país de cuento.

Lo mejor, la hospitalidad, amabilidad y predisposición a ayudar de los daneses. Un viaje para volver y continuar.

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